De Municipal a la NBA, la fascinante historia de Facundo Campazzo

Cuando arribó a Peñarol le decían que era muy bajo. Lo mismo pasó en España y en Estados Unidos. Siempre destruyó las críticas y llegó a lo más alto.

Zapatillas negras, mecánica de tiro absurda con las dos manos, remera manga larga adentro de la camiseta y pantalones por debajo de la rodilla. Nadie, absolutamente nadie, hubiese pensado que unos años después ese niño sería pronunciado en los parlantes del Chase Center de los Warriors, a minutos de debutar en la mejor liga del mundo. 

Ese día no hubo fanáticos, pero las redes corearon su nombre. Campazzo esto, Campazzo lo otro. Antes de ese partido los periodistas norteamericanos no sabían mucho del indomable argentino… Al final del juego se memorizaron su apellido. Todos lo conocían. Todos comprendían quién era Facundo, el cordobés cuyo emblema es la caradurez. 

Su historia no fue para nada fácil y pocos de ese lado del norte seguramente conozcan lo que debió vivir, sufrir y superar el base para trepar a lo más alto. Porque esa es la palabra que mejor describe su lucha. Batalló, se arrastró y pedaleó bicicletas en todos los suelos, desde el barro hasta el asfalto sin quejarse ni dejando de esforzarse. 

Un inicio impensado
“Iba a Municipalidad por la pileta, que me quedaba cerca de casa, a 13 cuadras. Y entonces elegí el básquet”, fue todo lo que tuvo para decir Campazzo cuando a los cinco años su mamá, María Elena, le pidió que practicase algún deporte. Más que una sugerencia fue una exigencia y aquella decisión germinaría la semilla que luego transmitiría felicidad y alegría a los fanáticos alrededor del mundo.

De chico, como ahora, era hiperactivo, no se quedaba quieto y debía quemar energía como sea. Municipalidad de Córdoba fue el lugar que lo vio nacer y allí desarrolló sus primeras armas. Lamentablemente, nada dura para siempre y a los 14 decidió irse a Unión Eléctrica, otro conjunto de la zona, exactamente en la misma ciudad. 

Esa decisión, como la anterior, también sería determinante. ¿La fecha? Octubre de 2006. Unión Eléctrica viajó a Mar del Plata a jugar el cuadrangular de la Zona Centro de la Liga Nacional Juvenil. El equipo terminó en la tercera posición, pero uno de los integrantes del plantel se robó la mirada de Osvaldo Mario Echevarría, un entrenador de Peñarol.  

La decisión más difícil
“En el partido contra Peñarol jugó muy poco, pero me gustó su chispa, era explosivo y su lucidez. Lo hablé para que viniera a hacer una prueba y se concretó con el visto bueno del presidente Robles, a quien expuse mi interés por este chico de 15 años. Paró en el Gran Hotel Mar del Plata de la avenida Libertad”, recordó el técnico en la revista El Gráfico.  

Aquel chico era nada más y nada menos que Facundo Campazzo. “Es un caradura del básquet. Él me responde que es mejor que sea así, porque eso es lo que lo hizo estar donde está”, confesó Echevarría acerca del base que al finalizar el último partido del torneo recibió de regalo el video del encuentro por parte de Rubén Ferretti que estaba filmando todo. 

Desde ese momento el cordobés arribó a Mar del Plata y se entrenó con Echevarría. “Eso fue clave, porque él es un entrenador muy detallista y estaba todo el tiempo pendiente para corregirme”, confesó Campazzo, quien en sus primeros pasos no podía dormir con la luz apagada. Tenía miedo, pero quizás también estaba ansioso. Quería ganarlo todo y nadie lo frenaría.

El principio de la gloria
Así trepó hasta la primera y el 10 de octubre, dos años después de aquel torneo, el armador debutó en la Liga Nacional de la mano de Sergio Hernández. Apenas dos minutos bastaron para saborear lo que vendría. Eso fue una antesala de lo que sería. Una entrada del plato principal que después se comería.

El retiro de Tato Rodríguez le permitió ser el base titular del milrayita con el tiempo y, al igual que en sus primeros años, no hizo más que progresar. Poco a poco irrumpió y, como se propuso al inicio, consiguió todo: cuatro Ligas Nacionales, una Liga de las Américas y tres Súper 8. 

Además, las condecoraciones individuales no tardaron en llegar: su primer MVP se dio en la Copa Argentina de 2010, El segundo reconocimiento llegó en el Super del 2011, el tercero en las finales del torneo doméstico de esa temporada, cuando los de Mar del Plata se consagraron en lo más alto y el cuarto volvió a aparecer en 2013, cuando lo consiguió en el Super 8 de ese año y luego repitió condecoración en las finales de la Liga 2013/14.

El canto de sirenas de Europa lo sedujo al final de esa campaña y en los primeros días de agosto del 2014 se oficializó su llegada al todopoderoso Real Madrid. La vida en esa época lo volvió a poner a prueba y a finales de noviembre, justo cuando venía teniendo minutos en acb y Euroliga, sufrió una lesión en el tobillo que lo marginó por el resto del año. 

Un nuevo mañana

Tras su regreso, el cordobés continuó jugando para el equipo blanco como tercera o cuarta opción en su puesto y no llegó a disputar muchos minutos. Esto lo llevó a ser cedido al Murcia, donde dio un paso atrás para luego arrasar. Tenía hambre de gloria y estaba listo.

Así fue que se consolidó como el mejor armador del equipo, ayudando a los suyos a clasificarse a los playoffs. Allí dio muestras de su calidad en la primera ronda ante Real Madrid, teniendo una instancia consagratoria que finiquitó con la eliminación del conjunto, pero que dejó en claro que los blancos debían traerlo de vuelta.

En la temporada 2016/17 el Murcia disputó, además de la acb, la Eurocup, lo que significó algo histórico para el club, ya que era la primera vez que llegaba a ese torneo. En el certamen internacional el equipo llegó a la segunda fase, el Top 16, donde quedó eliminado al terminar último de su grupo. Además, la doble competencia les jugó en contra y en la Liga Endesa el equipo quedó noveno y no accedió a los playoffs. ¿Y Facundo? Fue elegido dentro del segundo quinteto ideal del torneo.

Dejemos todo y a empezar otra vez
Después de su buena actuación en el Murcia, Campazzo regresó a la casa blanca para no irse por un largo tiempo. Esa vez tomó un papel más importante que en su paso anterior hasta convertirse en el primer base del equipo y uno de los mejores armadores de Europa. En total fueron 11 sus títulos con el Real Madrid: 4 Supercopas (2014, 2018, 2019 y 2020); 3 ligas ACB (2014/15, 2017/18 y 2018/19); 2 Euroligas (2014/15 y 2017/18) y 2 Copas del Rey (2015 y 2020).

¿Increíble? Había sido que recién estaba empezando. En medio de eso se casó con Consuelo Vallina y un 5 de diciembre de 2019 nació su hija. Campazzo, sin tapujos, confesó en una entrevista con NBA Latam lo que significaron esas alegrías: “Me cambiaron la vida”.

¿Adónde vamos? 
Esperen, todavía faltaba algo. En el último capítulo de un libro al que todavía le falta un cierre se dio su confirmación para la NBA, su obsesión desde que aprendió a ponerse su primer pantalón. Los Nuggets decidieron ficharlo y Mike Malone, su nuevo entrenador, no escatimó en elogios. “Cuando estoy triste pongo highlights suyos para alegrarme”, exclamó.

Michael no es el único, porque Campazzo es eso, felicidad total. Lo produce en cualquier lugar, sin esperar y siempre para impresionar. Lo suyo todavía no está ni cerca de terminar y la experiencia NBA acaba de empezar. Desde Municipal hasta Peñarol y Real Madrid, todo lo hizo sin dudar, ni titubear, para cual marca enfrente quebrar.  

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