Un Ciclón pasó por Caballito: 1-0 sobre Instituto para soñar con el penta

San Lorenzo, gracias a su defensa y gran producción del perímetro, fue contundente en el primer partido.

De principio a fin. San Lorenzo dominó este primer punto de la serie y se impuso ante Instituto por 103 a 76. Los factores decisivos resultaron ser su defensa, la construcción de juego a partir de allí y el reparto de goleo en distintas manos, con una rotación inagotable con cada integrante que cumplió a la perfección su rol, sobre todo desde un iluminado y complementario perímetro. Exhibió firmeza, carácter y una versatilidad brillante. Un verdadero Ciclón que pasó por Caballito.

Los dirigidos por Santander fueron una muralla atrás, casi durante toda la tarde. Dejaron a su rival en 35 en los veinte minutos iniciales. Instituto nunca encontró comodidad en ataque, le costó correr, no tuvo tiros limpios en ofensiva y si bien en los momentos iniciales hubo una cierta paridad en el ritmo de cada uno de los equipos, ya para el final del primer cuarto, los azulgranas comenzaron a dominar completamente. Los cordobeses no pudieron sostener el progreso en defensa que habían insinuado ante Olímpico: permitieron 103 tantos cuando su media es de 79.2.

Sus internos lejos estuvieron de su mejor versión, Martín Cuello no encontró las ventajas que suele obtener en el ataque, la lucidez del Juan Brussino estuvo disminuída y Santiago Scala no estuvo en el nivel que presentó en la serie de Reclasificación ante Olímpico, ni en la generación ni en la puntería. Los cordobeses tampoco encontraron respuestas desde el banco. Un combo lapidario como para soñar con vencer al supercampeón de los últimos años.

San Lorenzo inició con un esquema distinto por la lesión de Tucker. Una doble base para intentar suplir la ausencia de una figura clave como lo es el extranjero en el Ciclón. Allí estuvo uno de los factores más determinantes porque el santiagueño (Penka Aguirre) y el cordobés (Vildoza) se complementaron de una manera perfecta dentro del campo de juego; se pasaron el balón, generaron prestaciones para sus compañeros, y fueron profundos y determinantes en sus acciones para generar y anotar. Nunca es fácil completarse cuando ambos necesitan la pelota, pero ellos se conocen bien y no tienen dramas en ceder protagonismo, tiros y acciones. 

A esto hay que sumarle el trabajo de Máximo Fjellerup. Desde el perímetro el tridente Vildoza-Fjellerup-Aguirre fue devastador para despegar en el score. La intensidad ofensiva la encontró también en otros jugadores, como Roberto Acuña y Nicolás Romano en el poste bajo. Claro está que cuando mencionamos las variantes en su rotación a esto nos referíamos, al plantel rico que tienen los Boedo y a la calidad en cada una de sus posiciones. 

La efectividad de los dirigidos por Santander fue superior en dobles (70% a 38%) y en triples (45% a 31%). El Ciclón dominó totalmente la lucha rebotera, por 41 a 27. Fue el amo en los rebotes defensivos donde capturó un total de 31. ¿En la pintura? Un abrumador 60 a 28. Ahí estuvo otra gran diferencia.

La diferencia llegó a los 29 puntos. Vildoza, la figura con 27 unidades, cerró una noche perfecta en el Etchart, siendo el MVP de la jornada. Aguirre finalizó con 19 y Fjellerup logró un doble-doble figura, con 14 y 10 rebotes. Hay que destacar el gran ingreso de Acuña, fundamental en el juego interno, con 22 unidades. En la Gloria, los máximos exponentes fueron Cuello con 21 y Alessio con 20. Pero ya sabe que deberá mejorar mucho si el viernes quiere forzar un tercer juego.

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