Bolmaro y Ginóbili: similitudes y fortalezas de dos talentos argentinos únicos

Un análisis de jugadores que poseen más puntos en común que diferencias. Entendiendo a las obras detrás de los genios.

El balón en sus manos. Un split para quebrar la zona y una volcada con piernas potentes y las dos manos levantadas. Indómito, descontrolado, poseído. Es Leandro Bolmaro y su salto de calidad esta temporada parece no tener fin. Aquella acción lo simboliza a la perfección, pero también arroja una similitud que cada vez se acerca más. 

Es que el cordobés está cada día más sólido y las pinceladas que día tras día dibuja en el Barcelona son como una máquina del tiempo. Su juego posee verdaderas similitudes con alguien que hizo historia en Argentina, Europa y Estados Unidos. Un tal Emanuel Ginóbili, o simplemente Manu

Sin ánimos de caer en comparaciones o exageraciones burdas, este análisis buscará llegar al fondo de la cuestión entre el repertorio de dos de los talentos argentinos más únicos y excepcionales en la historia del básquet. Estadísticas, momentos, fortalezas, debilidades, y comentarios y opiniones de sus seres queridos, y especialistas. 

Primeras temporadas con minutos serios
Manu Ginóbili llegó a Italia de la mano del Reggio Calabria en la 1998/99 y fue importante desde el primer minuto, promediando 17,9 puntos, 2,8 rebotes, 1,5 asistencias y 3,0 robos en 27,9 minutos, según las estadísticas de World Hoop Stats. 

Leandro Bolmaro, por otro lado, se estableció primero en el Barcelona B de la LEB Oro, en donde, acorde con los datos de Real GM, logró tener medias de 10,3 tantos, 3,0 rebotes, 2,7 asistencias y 1,2 robos en 24,1 minutos. 

Pero el cordobés recién tuvo tiempo considerable en cancha con el primer equipo a partir de la llegada de Sarunas Jasikevicius. Allí, pudo dar muestras de lo que puede hacer a partir de una mejora física notable, junto con un dominio más controlado del cuerpo y de los tiempos, ya afianzado como guardia y aportando en organización y anotación, tal como aprendió a hacer Manu con los años.

Salto como ley máxima
Con los dos, la capacidad atlética es importante. Bolmaro, por ejemplo, en cada acción demuestra esos rastros de las competencias de atletismo que practicaba de chico. 

“Estoy convencido que el atletismo fue muy importante para él. Su técnica de carrera, su salto, sus desplazamientos hablan de una formación física de base (entiéndase formación física) previa a jugar al basquet. Estas cosas lo hacen físicamente distinto para el puesto”, dice Nicolás Casalánguida, entrenador de Guaiqueríes en Venezuela. 

Torneos de salto, orden para el desorden y una idea de su padre fueron las que le permitieron a Bolmaro meterse en ese mundo que luego rendiría sus frutos. 

“Siguiendo a la hermana, a los seis años empezó con el atletismo. Siempre creí que antes de los siete un chico o una chica no pueden jugar al básquet. Yo fui profesor de esa disciplina y consideraba que a esa edad no deberían practicar ese deporte porque, entre otras cosas, no llegan al aro, se frustran y algunos terminan abandonando. No podía competir hasta los ocho, pero como era grande de físico se anotaba y se hacía pasar por alguien más grande. Era un despelote de piernas corriendo para todos lados”, le recuerda su padre, Osvaldo Bolmaro, a Pick and Pop Básquet. 

Y no solo ese fue su primer amor: “El profesor de atletismo le empezó a poner unas varillitas en las vallas para que pasara adentro de ellas y fuera combinando movimientos. Recién a los nueve empezó a jugar al básquet, pero notabas que Leandro tenía condiciones naturales. Se desempeñaba bien en todos los deportes, en el vóley, al hándball… hasta béisbol, je. Era un chico muy inquieto”.

Ginóbili, en esa línea, tardó en dar el salto físico, pero, una vez que lo dio, dejó sus muestras en la Liga Nacional, a una edad similar. 21 años tenía el argentino cuando empezó su primera temporada en Europa, 20 posee el cordobés en su campaña debut con minutos superiores y trascendentales. ¿La orden de Jasikevicius? Que las vaya a volcar todas y que se ría un poco menos para no provocar el enfado de sus rivales después de cada acción. 

Luchando contra los apuros
Ambos, al competir en el campo profesional europeo, tanto en Italia como en la Euroliga y la acb, sufrieron por su intensidad un tanto descontrolada en defensa. Cometían faltas en exceso y tuvieron que mejorar a la hora de apretar a las marcas. 

Manu promedió la alta suma de 3,8 faltas por partido en su primera temporada en el Viejo Continente y el exjugador de Bahía Basket tuvo 2,0 en la 2019/20, si se tienen en cuenta sus participaciones en el primer equipo y la LEB Plata.

Con menor edad, Bolmaro pudo ajustar velozmente la situación, algo con lo que Ginóbili tuvo que luchar un poco más en sus cuatro temporadas entre la Reggio y el Kinder Bologna, donde promedió 3,4, 2,9 y 2,9 infracciones entre la 1999/00 y la 2001/02. 

En cuestión de tiempo efímero, Leandro entendió cómo presionar, mover los pies y evitar los contactos con el tren superior para evitar las faltas. Bajó su dosis de esas 2,0 en la 2019/20 a tan solo 1,4 en la campaña actual. Impacto defensivo total, con minutos y una explosividad controlada. 

Cuestión de atrevimiento
Sonrisas, magia y destrucción, tanto Ginóbili como Bolmaro lo hacían y lo hacen sin entender dónde se encontraban y se encuentran. El zurdo lo hacía en Italia y el derecho en España, sin importar los contextos o los desafíos que tengan enfrente.

La relevancia de Manu fue instantánea y se forjó en la segunda división italiana para hacerse más fuerte. Leandro también se formó en las competencias del ascenso y su juego fue creciendo más lento, pero con impacto certero. 

Dos puntos de análisis cerrarán este informe: la capacidad de lanzamiento y la utilidad para jugar en todas las posiciones exteriores. 

Tanto Manu como Leandro siempre se destacaron por la preponderancia en la penetración. Piernas, brazos y piernas largas, impacto y mucho más. Ginóbili lo hizo desde sus tiempos en la Liga Nacional, Bolmaro dio un salto esta temporada gracias al continuo trabajo con Paulo Maccari, actual fisioterapeuta del seleccionado nacional y primo hermano del bahiense. 

El tiro y sus mecánicas, los dos tuvieron porcentajes regulares en sus inicios, con el exjugador de los Spurs promediando 36,0% en triples en la 1998/99 y el de Barcelona sufriendo con 30,8% en la 2018/19. En este apartado fue Leandro el que dio un salto cualitativo y cuantitativo, en parte tal vez por la mayor disposición de tecnología aplicada al básquet. Saltó al 41,5% esta campaña, con una mecánica que cada vez luce más natural y fluida. 

Con respecto a la polivalencia de posiciones, la talla de ambos (1,98 metros para el bahiense y 2,01 para el cordobés) les permite desempeñarse tanto de uno, como de dos o tres en defensa, a la vez que en ataque pueden ser portadores, organizadores o finalizadores. 

Bolmaro, por ejemplo, sabe desde pequeño lo que es ese puesto, y Manu debió aprender con el paso de los años a impactar de diferentes (e igual de eficientes) formas.

Dos talentos especiales
Las comparaciones siempre parecen odiosas, el análisis puede brindar una mirada más detallada y específica. Solo similitudes, sin lugar para las exageraciones. Leandro Bolmaro y Manu Ginóbili, dos jugadores únicos por donde se los mire. 

Uno ya lo ganó todo, el otro sigue riéndose y divirtiéndose como un niño. Porque es un infante todavía y ojalá pueda continuar siéndolo. 

No tiene límites, tampoco los necesita.  

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