Campazzo y el partido que lo cambió todo

Unión Eléctrica había viajado a Mar del Plata. Un entrenador lo venía siguiendo. Facu y un encuentro que estaba destinado a concretarse.

De chico, como ahora, era hiperactivo, no se quedaba quieto y debía quemar energía como sea. Municipalidad de Córdoba fue el lugar que lo vio nacer y allí desarrolló sus primeras armas. Lamentablemente, nada dura para siempre y a los 14 decidió irse a Unión Eléctrica, otro conjunto de la zona, exactamente en la misma ciudad.

Esa decisión, como la anterior, también sería determinante. ¿La fecha? Octubre de 2006. Unión Eléctrica viajó a Mar del Plata a jugar el cuadrangular de la Zona Centro de la Liga Nacional Juvenil. El equipo terminó en la tercera posición, pero uno de los integrantes del plantel se robó la mirada de Osvaldo Mario Echevarría, un entrenador de Peñarol.  

“En el partido contra Peñarol jugó muy poco, pero me gustó su chispa, era explosivo y su lucidez. Lo hablé para que viniera a hacer una prueba y se concretó con el visto bueno del presidente Robles, a quien expuse mi interés por este chico de 15 años. Paró en el Gran Hotel Mar del Plata de la avenida Libertad”, recordó el técnico en la revista El Gráfico. 

Aquel chico era nada más y nada menos que Facundo Campazzo. “Es un caradura del básquet. Él me responde que es mejor que sea así, porque eso es lo que lo hizo estar donde está”, confesó Echevarría acerca del base que al finalizar el último partido del torneo recibió de regalo el video del encuentro por parte de Rubén Ferretti que estaba filmando todo.

Desde ese momento el cordobés arribó a Mar del Plata y se entrenó con Echevarría. “Eso fue clave, porque él es un entrenador muy detallista y estaba todo el tiempo pendiente para corregirme”, confesó Campazzo, quien en sus primeros pasos no podía dormir con la luz apagada. Tenía miedo, pero quizás también estaba ansioso. Quería ganarlo todo y nadie lo frenaría.

Así trepó hasta la primera y el 10 de octubre, dos años después de aquel torneo, el armador debutó en la Liga Nacional de la mano de Sergio Hernández. Apenas dos minutos bastaron para saborear lo que vendría. Eso fue una antesala de lo que sería. Una entrada del plato principal que después se comería.

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