Devin Booker, el memorioso

Tuvo un debut soñado en playoffs. Hizo todo lo que debía hacer para que Phoenix gane. Un chico, un sueño y un talento que empieza a madurar.

Un accidente a los 19 años lo dejó postrado para siempre y un roce con la muerte le dio un talento único. Podía recordarlo todo, cual recuerdo viviese, sin importar el día, la fecha o la hora, que siempre sabía como un reloj suizo. Cada característica era una experiencia inolvidable, escrita en su cerebro hasta el infinito.

Pero el don era también una maldición. Ireneo Funes se llamaba y Borges lo había creado en un cuento. Una muerte imberbe puso fin a su existencia, y también generó una idea acerca de las maravillas desperdiciadas que surgen constantemente, viviendo y muriendo sin darse a conocer, sin ser comprendidos, atendidos o aprovechados. 

Por suerte aquel desdichado destino no corrió por el mismo camino que el de Devin Armani Booker, el joven que, al contrario de Funes, nació con un talento natural para embocar la pelota en el aro, sin importar edades, alturas ni adversidades, ese escolta era uno en un millón, con una habilidad innata para desequilibrar con el balón.

Sin embargo, al igual que Ireneo, al llegar a la NBA no supo controlar el caudal que tenía entre manos, llevando a sus Suns al precipicio entre críticas, desvaloraciones y pronósticos crueles que decían que su talento era un desperdicio. No se rindió, trabajó en silencio y dejó que su juego, con paciencia, hable por él.

Y así el recorrido de Booker tomó otro sendero y evitó a la muerte del fracaso, de las derrotas y de las estadísticas vacías. Primero llegó la redención en la burbuja 2019/20, luego apareció la temporada regular 2020/21, pero lo de ayer fue de otro nivel. Jugó, hizo jugar, asistió, generó, repartió, liquidó y defendió ante la lesión del líder espiritual que sabe ser Chris Paul. Nadie, en serio nadie, pudo frenarlo. Indómito como caballo salvaje, desarrolló su propio pelaje. 

Cuando se lesiona una figura, un equipo responde de dos formas: se cae o se levanta y sigue luchando. Devin Booker permitió lo segundo y fue el comandante que todos esperaban cuando veían a ese niño que podía hacer lo que se proponía en eso del baloncesto. 

Oda a la técnica, aprovechó los espacios en la media distancia para anotar y generar de forma eficiente, con un porcentaje de tiro verdadero del 59,4% y un lanzamiento de campo efectivo del 55,8%, siendo en ambos el tercero mejor de Phoenix en esos dos aspectos. También castigó de tres, atacó el aro y dominó en el poste bajo, con una fortaleza del tronco medio y superior más sólido de lo que parece.

Pero no solo de los puntos vive el hombre y dio un paso al frente en algo que se le pedía hace mucho: la generación de juego. Su porcentaje de asistencias (33,0%) fue el más alto del elenco que dirige Monty Williams si se tiene en cuenta los jugadores que disputaron 15 o más minutos ayer ante los Lakers. Con pases skip (de lado a lado), de pique o hacia arriba, Devin mantuvo a todos involucrados y jamás bajó la mentalidad asesina que lo caracteriza. 

Explotado hasta el hartazgo (33,3% de uso anoche), supo responder a las adversidades y dosificó los momentos en los que vulnerar la defensa seguidor de los angelinos, como así también cuándo finalizar, especialmente en el clutch en donde jamás dejó reaccionar a su rival.

Lo mismo en defensa, manteniéndose involucrado y al acecho en el esquema de Monty Williams. Las ayudas hacia el eje y una especie de Pat Riley Defense, en la que se obligó a Anthony Davis, la principal referencia ofensiva de los angelinos, a irse hasta la línea, a la vez que los atrapes llegaban si de igual manera conseguía ir al centro. Atención, actividad de manos y lectura, otro salto en el que en las temporadas anteriores era sumamente mediocre. 

Compitió durante 45:11 minutos, descansó menos de tres, no quería hacerlo, estaba en un estado de transe absoluto. Su rating defensivo de 96,6 fue el cuarto mejor de la noche y es una excelente muestra del esfuerzo que trajo en su debut en playoffs, en el que la mayoría se achica o se muestra errático. 

Bloqueó tiros (dos dobles y dos triples contestados), realizó los box-out (dos)  para evitar rebotes ofensivos y provocó desvíos constantemente, que se tradujeron en tres deflections para ser, junto a Jae Crowder y Mikal Bridges, uno de los líderes en el apartado (tres para él y cuatro para los dos últimos mencionados). 

Hizo todo, todo para ganar, como debe hacerlo un líder.

“Funes tiene más recuerdos que los que tuvieron todos los hombres desde que el mundo es mundo, pero que al mismo tiempo es quien más lejos se encuentra de la posibilidad de modificar las condiciones de su entorno efectivo”, decía Borges acerca del personaje de su historia. 

Ese ocaso no es para Devin Booker, que supo modificar su realidad y moldear su talento para traducirlo en victorias y gloria. Un chico y un sueño, del destino es dueño y su juego no miente, hace daño. Cada día trepa un nuevo peldaño. Tranquilos, recién está empezando.  

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