El problema de la Liga Nacional es la economía, no la pandemia

Acabó una temporada accidentada, agravada por el Covid-19, pero afectada sobre todo por una crisis que lleva más de dos años.

El 22 de junio de 2018, San Lorenzo de Almagro le ganaba a San Martín, en Corrientes, la sexta final de la Liga Nacional y se consagraba tricampeón, igualando la marca conseguida por Peñarol 6 años antes. En el equipo brillaba Gabriel Deck, que ese día jugaba su último partido en Argentina para fichar luego en el Real Madrid y comenzar así la escalada que lo vería aterrizar en la NBA en abril de 2021. 

En esos días, la mayoría de los equipos de la Liga, como siempre, armaban sus planteles para la 2018/19. Había algo de preocupación porque el dólar, estable de alguna manera desde la asunción de Maurico Macri en 2015, sobre todo después de eliminar el cepo, había aumentado en dos meses más que en los 26 anteriores. De febrero de 2016 (15.5) a abril de 2018 (20.3), sólo se había incrementado 31%. De abril a junio del 2018, 39.9%. Pasó de 20.3 a 28.4. Igual, muchos sostenían que había estado demasiado bajo en ese tiempo. Sin embargo, en agosto, el verde llegó a 40.3 y los miedos ya se volvieron pánico. 

Los clubes de la Liga pusieron el freno de mano (salvo San Lorenzo y, en menor medida, Quimsa e Instituto) y comenzaron a verse con mayor asiduidad extranjeros latinoamericanos, más baratos, y pocos de renombre. San Lorenzo tenía, en ese sentido, un Dream Team: Dar Tucker, Jerome Meyinsse, Donald Sims, Mathías Calfani, Joel Anthony y Ramón Clemente. Quimsa gastó más en nacionales de peso (De los Santos, Schattmann, Mainoldi, Aguerre, Acuña) e Instituto, miti y miti: Esteban Batista, Sam Clancy, Rodney Green, Faca Piñero, Luciano González, Pablo Espinoza, Gastón Whelan y Sant Scala. Lo llevó a séptimo partido al Ciclón, pero no pudo evitar el tetracampeonato. 

Lo que fue un anticipo, se convirtió en moneda corriente en la 2019/20. Para colmo, en setiembre del 2019, Macri volvió a instalar el cepo a un dólar que, libre, estaba ya en 55. Lo que vino después es moneda más o menos conocida. Hoy el billete verde cotiza en el mercado negro a 155 pesos, casi 6 veces más que aquel 22 de junio de 2018. Hace menos de 3 años, pareciera un siglo. 

En marzo del 2020 estalló la crisis por el Covid-19, lo que no hizo más que profundizar la caída económica en picada, y en el ámbito del básquetbol local, resaltar los problemas propios y, más aún, las diferencias con el resto de la región, que se vio afectada por la pandemia, pero no tanto por la parte económica previa. Hagamos este simple análisis, referido exclusivamente al básquetbol. 

Hasta la 2017/18, la única Liga del continente de México para abajo que competía en salarios de extranjeros era justamente México. Más algún equipo de Brasil. Pocos. De hecho, a casi nadie con chances de jugar en Argentina se le ocurría irse a México. Y los que se iban a Brasil era porque aquí no los llamaban. O a Chile, poquísimos casos. 

Hoy, Junio de 2021, la Liga Nacional quedó cómodamente sexta en salarios: México, Brasil, Uruguay, Colombia y Chile están claramente por arriba y hasta existen casos de países sin Ligas potentes, como Paraguay, que pueden llevarse también jugadores o entrenadores argentinos por la diferencia cambiaria. Es que en esos lugares, no hubo ni inflación abultada ni devaluación catastrófica. Todo jugó contra Argentina y a favor del resto, que se llevan por poco dinero relativo a jugadores confiables, cercanos, que se adaptan fácilmente. 

Para la 2021/22, la situación pinta bastante peor que hace un año. No existe un solo jugador que no está buscando la oportunidad de jugar fuera del país. Y es que las opciones se abrieron, entonces todos creen tener chances, algo que a la larga no sucede. Pero si contamos las 5 Ligas mencionadas, la demanda será alta. Si bien Chile todavía está con un solo extranjero permitido por equipo, la idea es subir a 2 y a 3 en las próximas dos ediciones. Cambió su calendario (enero a junio, y luego Copa de Chile), con lo cual a los que se lleve, no jugarán en Argentina. 

Distintos son los casos en Colombia y México, que terminan en noviembre y diciembre, respectivamente, pero eso a veces hasta complica más, porque algunos clubes buscarán traer para el 2022 los que pueda rescatar de esos países. A San Lorenzo y San Martín les terminó saliendo bien, pero se puede convertir en moneda corriente. El Metro uruguayo, de bajo nivel, también se llevará jugadores y la LUB más todavía. Es casi el destino perfecto. Sin pandemia (se supone), a una hora de Argentina, en un país prolijo (y caro), y con equipos donde los argentinos suelen destacarse. Más entrenadores argentinos en varios clubes. 

¿Qué hacer en la Liga Nacional? En este contexto, los rumores que indican que podrían agregarse clubes a la próxima edición (algo desmentido rotundamente por Gerardo Montenegro a Básquet Plus), suenan a locura total y absoluta. Salvo que se busque convertir a toda la competencia en una Liga de Desarrollo. La tendencia en la 2020/21 fue subir a muchos jugadores desde el Ascenso. Fracasó. La mayoría compitió, claro, porque hubo tantos jugadores nuevos que se emparejó para abajo con fuerza. 

Por lo que venimos hablando con entrenadores y dirigentes, pareciera que varios han pensado que una combinación mejor es jóvenes más experimentados. Ni el ejemplo de Bahía Basket, donde fueron todos jóvenes, ni el de Atenas, donde fueron casi todos los mayores llegados desde el Ascenso. Las figuras está claro que se concentrarán en pocos clubes con dinero: San Lorenzo, Quimsa, Instituto, Boca y alguno más, quizá. Quizá algún otro pueda juntar dos de renombre. El resto, no. Y como ya no podrán, como hace unos años, emparejar eso fichando dos buenos extranjeros (pagar más de 3.000 dólares mensuales será una verdadera hazaña), tendrán que elegir qué estrategia usar. 

¿Cuál es la diferencia entre jugadores del Ascenso y jóvenes? La más importante es que, salvo excepciones, los del Ascenso no crecen en nivel. Sí, es cierto, llegan a una competencia con un nivel más alto, pero como pasó en la 2020/21, fueron tantos los provenientes del Ascenso, que esa diferencia de nivel no fue tan marcada. Entonces el nivel se achata. Lo que puede pasar apostando por jóvenes (no cualquier joven) es que, si se lo pone en equipos con mayores de experiencia (no cualquier mayor), su margen de crecimiento es mucho mayor. 

De todos modos, el porvenir cercano es crítico. Desde sectores que conocen más allá del básquetbol, tanto política como economía, no hay uno que imagine que este escenario puede cambiar significativamente en los próximos dos años. El horizonte pinta oscuro y, si bien la Liga siempre sobrevivió, y volverá a hacerlo, la cuestión es qué tan herida queda. No es todo lo mismo. 

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