La NBA: el agujero negro que está absorbiendo al básquet FIBA

Siempre fue una competencia desigual, pero entre lo deportivo y, sobre todo, lo económico, la situación bordea el quiebre.

Desde que los extranjeros empezaron a aterrizar en la NBA con cierta normalidad, allá por comienzos de los 90, el sueño de todo jugador de cualquier país del mundo por jugar algún día en esa competición pasó a ser una posibilidad realizable. 

En esos tiempos, claro, había ciertas ventajas para el básquet FIBA. Primero, que deportivamente había que ser exageradamente bueno para tener chances. Ver a Drazen Petrovic sufriendo las pocas chances de jugar al principio, hacían dudar a los demás mortales que la NBA era un destino posible. 

Desde lo económico, algo parecido. Aquel que se iba de Europa a la NBA resignaba dinero. Por poner un caso, Toni Kukoc se quedó en Benetton Treviso antes de ir, finalmente, a Chicago Bulls, con un salario top, que enfureció al mismísimo Scottie Pippen. Quizá Kukoc fue el primero que rompió la barrera desde lo salarial. 

A partir de allí, igualmente, no se hacían grandes diferencias en lo monetario. Manu Ginóbili ganó más o menos lo mismo en Kinder Bologna que en sus primeros dos años con los Spurs. La comparación se quebró por completo en la última década, a partir de la explosión salarial de la NBA con sus fabulosos contratos televisivos, sumado a la crisis europea del 2008 que hizo caer sustancialmente los sueldos, incluso de sus figuras. 

Así las cosas, en estos 10 años, en cada uno de ellos, la NBA mira, elige y se lleva a los mejores de Europa a su Liga, y obviamente Europa no puede reemplazarlos con otro del mismo nivel. Deben surgir desde los clubes formadores algún talento nuevo que ocupe el sitio vacante. Por otro lado, la NBA ha pasado además a ser un deporte mucho más atractivo de lo que era, aglutinando a los fanáticos de todo el mundo, quizá no del básquetbol, sino del deporte, que gozan de un show sin igual, con scores altísimos, muchas acciones vistosas y estrellas que no defraudan. La NBA, además, acompaña, acomodando las reglas para que esa vistosidad no se pierda.

En FIBA, todavía se privilegian las esencias del juego y, si bien se ha mejorado bastante en cuanto a espectáculo, si nos comparamos con los 90, sigue habiendo partido que terminan con equipos en los 60 o 70 puntos, achicando el margen de seguidores a los fanáticos solo del básquetbol, y de ese tipo de básquetbol, muy táctico y defensivo. 

Pero volvamos al punto anterior. En estos 10 años, en distintos momentos, la NBA se llevó, entre otros, a Milos Teodosic, Bogdan Bogdanovic, Nicolo Melli, Luka Doncic, Mike James, Dario Saric, Nikola Jokic, Vincent Poirier, Facu Campazzo, Gabriel Deck, Luca Vildoza, Deni Avdija, Nemanja Bjelica, Bojan Bogdanovic y Nikola Mirotic. Como verán, no los nombrados en orden cronológico, pero impacta la cantidad de apellidos ilustres, y no hemos nombrado ni de cerca a todos los que han partido. 

El tema es que hoy no hay casi nada que pueda hacer que los clubes europeos retengan a los jugadores. Económicamente, la rivalidad desapareció. El único punto pasa, en ciertos casos, en ofrecer porotagonismo en un club importante a jugadores que en la NBA no lo tuvieron o no lo tendrían, como pasó con Nando De Colo o Shane Larkin. O ahora con Poirier, que tras su fiasco en Boston recaló en el Madrid. 

¿Hay solución? Subir las cláusulas de salida no es una opción, porque ningún jugador que sepa que su destino es la NBA, va a firmar una salida alta que lo condicione. Eso pasaba en la década pasada. Ya no, o en contadísimos casos. Pero el problema es mayor, porque si bien los jugadores FIBA saben que su salto a la NBA es más factible desde Europa, el nivel general de ese juego (Euroliga, para ser más concretos), viene bajando. No nos quedemos solo con Luka Doncic. Poirier fue segundo quinteto ideal de la Euroliga 2018/19 y no pudo pisar la cancha en la NBA.

La Euroliga se está llenando de jugadores veteranos y no tanto de jóvenes promesas, que se van cada vez más temprano. El caso de Campazzo fue una total excepción. Y lo que acaba de pasar, de que e vayan 5 jugadores en medio del torneo (Campazzo, Deck, Vildoza, Mike James y Elijah Bryant), ha sido un golpazo duro de asimilar. 

¿Tiene solución FIBA? Bueno, no una clara. Seguramente, buscar un formato que genere un mayor atractivo desde lo deportivo se convertiría en un círculo virtuoso. Pero también es cierto que este sistema fue el que toda la vida permitió formar jugadores completos que la NBA, hoy, valora. El problema es si el espectador medio deja de entusiasmarse y vira hacia la NBA, a la que esto tampoco le sirve. Si algo tiene claro la liga norteamericana es que necesita proveedores, y hasta invierte dinero en eso, como con la Basketball Africa League, que organiza en conjunto con FIBA.

El tema es más complicado de lo que parece. Es un fino hilo que transcurre entre dos organismos que compiten por un mismo público (a veces) pero, al mismo tiempo, se necesitan. La NBA no puede hacer demasiado para que el espectador no se incline hacia su producto y, menos, no llevarse el mejor talento del mundo. Lo que está claro es que en este mundo global y digital, los fuertes se quedan casi con todo. La consecuencia puede ser dura: la intrascendencia. 

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