Len Bias y una historia que fue de la cima al abismo en un profundo respiro

Tenía el mundo a sus pies. Era una estrella universitaria que logró ser elegido por los Celtics en la NBA. Una maldita noche de drogas lo truncó todo.

“Era Superman en un uniforme de básquet”

“No digo que hubiera sido mejor que Jordan, pero sí un desafío para él”

“Casi fue el jugador de básquet más perfecto”

“Este chico fue lo más cercano a Jordan que vi en un partido universitario”

La historia podría completarse en su totalidad por halagos hacia el protagonista. Nadie, absolutamente nadie, en su época despertaba más atención. Podía tirar, correr la cancha, defender, volcarla, moverse como un base o postearse como un pivote. En su juego no había nichos, en su vida lamentablemente sí unos pocos. Aquellas grietas, desafortunadamente, se rompieron un trágico día en el que el básquet entró en coma.

Algunos quizás escucharon su nombre, otro tal vez jamás lo escucharon nombrar. Con el paso del tiempo los mitos y las verdades formaron un comistrajo y el caso jamás quedó esclarecido. ¿Una adicción? ¿Una mera distracción? ¿Una conspiración? Len Bias era el chico y un talento como el suyo nunca antes se había visto. 

La fama, el estrellato, el dinero, los elogios y las trampas se combinaron para torcerle la mano al destino de un ser divino. Nadie sabe cómo ocurrió todo, pero sí cómo empezó. 

Leonard Kevin Bias, o simplemente Len o Lenny para sus seres queridos, nació un 17 de noviembre de 1963 en Landover, Maryland. Alto desde que salió del parto, era tan tranquilo y relajado que un pastor de la iglesia a la que asistía su familia le puso de apodo Frosty. 

Esa altura no era solo para mirar adónde terminaban las filas para comprar las entradas en el cine, sino que también la utilizaba para jugar mejor que nadie al básquet, tanto en su escuela, Northwestern High School, como en el barrio, donde se medía frecuentemente contra los mejores y más duros jugadores de la zona.

Tan bueno y dominante era que universidades de la calidad de Syracuse, Georgetown e Indiana lo querían reclutar para antes de ayer, pero a Bias poco eso le importaba, quería jugar con su gente, en su lugar de siempre. Maryland University tenía desde hace mucho su apellido en una camiseta y hasta llegó a entrenarse con el equipo mientras estaba en la secundaria, dicen algunos. 

Desde el principio, el legendario entrenador de Maryland, Lefty Driesell, vio el potencial del pibe y lo convirtió en la pieza central de su sólido programa de la época a nivel universitario. Era fuerte como un toro, rápido como un guepardo y podía saltar hasta afuera del gimnasio si se lo proponía. Tenía una arrogancia envidiable, pero, para su posición, tenía algo que lo hacía diferente: hacía mejores a sus compañeros de equipo con su mera presencia en la cancha. Realmente no había nada que no pudiera hacer.

Su paso por Maryland fue como un huracán. Jugador del año de la ACC en 1985 y 1986 que supo llegar al récord de la universidad en ese momento con 2149 puntos. Era algo inverosímil, tan irreal como destructivo y productivo. 
Ese último mes de junio fueron los Celtics los que le pusieron un ojo y, por supuesto, Red Auerbach tenía a uno de sus predilectos. En ese entonces el entrenador multicampeón con Boston era gerente general del equipo y de un solo golpe traspasó a Gerald Henderson a los Sonics por los derechos del pick dos del Draft de la NBA de 1986, que prometía ser grandioso, pero terminó estando maldito desde el inicio hasta el final.

Cleveland tenía el pick uno y Brad Dougherty sería su pick, proveniente de North Carolina. Ante esa decisión, el gran Red empezó su cábala. Un puro en la boca y un fósforo que iluminó la sala para prenderlo. Era hora de celebrar, la nueva estrella llegaba al lugar y Len Bias todo lo iba a cambiar. 

Después de semanas de entrevistas y evaluaciones físicas y pruebas de drogas, Auerbach supo que tenía a su hombre. “Boston Celtics selecciona a Len Bias, de Maryland University”. Traje blanco, corbata oscura y una sonrisa perfecta, el pibe tocó el cielo y tan rápido como se presentó, se cayó de nuevo. Fue uno de sus últimos minutos de real felicidad. 

Larry Bird, Kevin McHale, Robert Parish… Súmenle Bias y, aunque muchos ya estaban entrando en sus últimas etapas, podrían armar un equipo de los sueños. Todo el arduo trabajo y la dedicación de Len a su oficio había llevado al joven a este punto de su vida. Allí estaba en el precipicio de la grandeza, y nadie podría haber imaginado o predicho la secuencia de eventos que pronto le seguirían y llevarían a su fin. 

Al día siguiente, el padre de Len, James, que lo había a Nueva York para el Draft, volvió a casa a la tarde. Una contingencia de reporteros se había reunido y estaban decepcionados de que Len no asistiera a una pequeña sesión de preguntas y respuestas. El progenitor les aseguró a los periodistas deportivos de DC y Baltimore que su hijo estaría disponible 24 horas después para responder todas sus preguntas. 

Mientras tanto, Len estaba en la Gran Manzana firmando un contrato de patrocinio de tres millones de dólares con Reebok. El gigante de las zapatillas había visto a Michael Jordan firmar un contrato con Nike dos años antes y querían ir por el mismo camino con Bias para que fuera la cara de la empresa en el sector del básquet. Tras conseguir el jugoso acuerdo y atar algunos cabos sueltos con la oficina principal de los Celtics, el pibe se subió a su nuevo auto y volvió a su hogar. Nada podía salir mal.

Len llegó al campus de Maryland alrededor de las 11 de la noche. Muchos de sus compañeros, amigos y jugadores del equipo de fútbol de la universidad estaban en la pieza esperando su llegada. Cangrejos en vapor para pasar el tiempo y aquella sonrisa se acumulaban alrededor del aura mística de Bias, que contestó con paciencia todas y cada de las preguntas de los presentes en el lugar. 

Luego, según confirmaron las investigaciones de la época, alrededor de las 1:30 de la madrugada Len salió de la zona para ir a una fiesta y regresó casi una hora y media después. En ese instante, entre él y unos amigos se estaban distribuyendo líneas de cocaína y Bias cometió su fatídico error de juicio al unirse a la ocasión.

-Mi amigo tuvo un accidente, vengan rápido, necesitamos una ambulancia
-¿Quién es?
-No puede morirse, necesita ayuda, no puede morirse
-Calmese señor, dígame su nombre y qué ocurrió
-Es Len Bias, no puede morirse, no se despierta.

El reloj marcaba las 6:32 de la mañana y cuando todos estaban despertándose Len estaba yéndose. Su amigo de la infancia, Brian Tribble, fue quien hizo la llamada al 911 y la ambulancia fue enviada con celeridad. 

El rodado llegó al lugar diez minutos después, acorde con los reportes, y los paramédicos encontraron a Len Bias completamente inconsciente y sin respirar. Mientras los especialistas trabajaban febrilmente en el recientemente drafteado por los Celtics, se iban aclarando los hechos.

Después de consumir una enorme línea de cocaína, Bias comenzó a hablar con su compañero de equipo, Terry Long. Luego se recostó en su sillón y comenzó a tener convulsiones. Finalmente, tras no tener éxito en revivir al pibe, los paramédicos pusieron su cuerpo en la ambulancia y se fueron rápidamente al Leland Memorial Hospital en Riverdale, Maryland. Lo intentaron todo, pero no hubo caso. Epinefrina, bicarbonato de sodio, lidocaína, calcio… Incluso, en un último esfuerzo esperanzador, le colocaron un marcapasos en el pecho, pero ya era demasiado tarde. A las 8:55 de aquella mañana el sol no salió y Len fue declarado muerto.

En los días y semanas que siguieron a la muerte de Bias, Maryland University sintió el peso de un torbellino mediático. Después de más de una docena de investigaciones por parte de la policía, se encontraron varios gramos de cocaína debajo del asiento del conductor del automóvil de Bias. La NCAA estaba bajo presión para averiguar qué sucedió y hasta The Washington Post y The Baltimore Sun escribieron artículos mordaces sobre las prácticas educativas de la universidad.

Se descubrió que Bias tenía solo 21 créditos por debajo de sus requisitos, a pesar de haber usado toda su elegibilidad atlética. El entrenador Driesell fue criticado cuando se supo que al recibir una llamada telefónica y enterarse del incidente en Washington Hall, les dijo a los compañeros de equipo de Len que retiraran todas las drogas de la habitación del por entonces jugador de Boston. Los padres del joven, James y Lonise acusaron al mismo tiempo de descuidar el estatus académico de sus atletas.

Todos, desde el departamento de atletismo de la universidad hasta la oficina de admisiones, la policía del campus y Brian Tribble, eran responsables de la tragedia. El 17 de octubre, el director atlético del establecimiento, Dick Dull renunció, y después de 17 años de servicio en el programa de básquet de Maryland, Lefty Driesell, fue despedido. 

La NCAA también tomó medidas y no le permitió a Maryland aparecer por televisión por un año, a la vez que hasta el día de hoy la universidad posee estrictos requisitos de admisión y un mayor apoyo y acompañamiento académico, sobre todo para sus atletas. 

Los culpables no terminaron ahí… El 25 de julio de 1986 fue Brian Tribble el acusado de posesión de cocaína con intención de distribuirla, y los compañeros de Len en Maryland, Terry Long y David Gregg, corrieron la misma suerte, y se agregó la obstrucción a la justicia. Los cargos contra los basquetbolistas se retirarían a cambio de un testimonio contra el amigo de la infancia de Len y él eventualmente se declaró culpable de ser un importante traficante de drogas para que el 15 de octubre de 1990, cuatro años después, fuera sentenciado a diez años de cárcel.

La pena fue durísima y, según algunos testimonios de la época, Bud Marshall, que era el fiscal del lugar y estaba en búsqueda de una reelección, utilizó esta tragedia para promover sus aspiraciones. Hasta el día de hoy hay debates acalorados sobre si Brian Tribble fue el asesino, que Marshall lo describió como un chivo expiatorio de una universidad defectuosa y dos padres afligidos. 

Además, en 1988, dos años después de la muerte del jugador, en una época en la que la lucha contra los narcóticos estaba más caliente que un plato de fideos salido del microondas, el Congreso de Estados Unidos aprobó una ley antidrogas que se llamaba la Ley Len Bias. Pidió sanciones más severas y castigó primordialmente a los pequeños consumidores, no a los distribuidores. 

Como suele ocurrir en estos casos, la esencia de Len y aquella risa que generaba devoción se perdió en un sinfín de acusaciones, críticas y dedos apuntados que seguramente también estaban ensuciados. ¿Culpable? ¿Inocente? En este momento poco de eso importa. 

Len Bias fue único y pudo meterse entre los más grandes. Superman vestido de jugador. Que nunca se apague su verdadero resplandor.  

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