Nicolas Batum, el resiliente

El ahora pieza clave de los Clippers tuvo una vida signada por la muerte de su padre en una cancha de básquet. Sus miedos, su pelea y su consagración.

Como buen francés, la imagen que irradia Nicolás Batum es de elegancia y fineza. También cuando juega. Pocos acertarían lo que hay detrás de esa máscara natural que el joven Nicolas tuvo que aprender a manejar prácticamente desde toda la vida. Porque la niñez del pequeño Batum no fue la de la mayoría de los niños de su círculo. Todo lo opuesto. 

Cuando tenía dos años y medio, fue con su madre a ver jugar a su padre, Richard, un ala pivote rústico y fornido que jugaba en la segunda división del básquetbol francés. Richard, en un momento, recibió una falta y fue a la línea de libres. Los tiró y, de golpe, se desplomó en el campo. Murió minutos después. Tenía 30 años. 

A Nicolas le costó muchísimo crecer con esa imagen, tan fuerte que hoy mismo el alero de los Clippers reconoce sentir que fue ayer. La recuerda con detalle, pese a que pasaron casi 30 años y pese a que él tenía solo 2. Pero lo marcó para el resto de su vida. Los canales de televisión rodearon su casa durante días. Nicolas no entendía demasiado qué pasaba. Parecía una pesadilla.

“Crecí con eso y con la gente preguntando si a mí me iba a pasar lo mismo que a mi papá. Empecé a jugar muy joven por él. Sentía que tenía que hacerlo para terminar algo”, dijo Batum en el Charlotte Observer el año pasado. El problema llegó cuando, tras subir de forma abrupta de nivel, a los 19 años fue invitado a campamentos predraft. 

Un electrocardiograma alto en Toronto, hizo que se le prohibiera seguir con entrenamientos con cualquier otra franquicia, una vez que se supo de los antecedentes de su padre. Su agente, Bouna N’diaye, le consiguió un médico especialista en corazón en Cleveland, que le dijo que estaba todo ok, pero que para una valoración final necesitaba el informe sobre la muerte de Richard. El problema era que ese informe no existía. 

La muerte del papá de Nicolas no había sido nunca definida claramente y tampoco se le había hecho autopsia. Siempre se había sospechado de un ataque al corazón o un aneurisma. Para completar la imposibilidad de conseguirlo tantos años después, el médico que lo había tratado se había mudado al África. Por lógicas razones, su madre nunca le había hablado demasiado del tema. Lograron hacer una conferencia con el médico de Cleveland y el de África y finalmente el de Cleveland firmó el apto. Sin embargo, parecía que los equipos de la NBA no estaban dispuestos a tomar el riesgo. 

N´diaye entonces comenzó a telefonear a los que tenían picks más bajos en primera ronda, incluso obviamente a San Antonio Spurs, donde estaba Tony Parker, el ídolo de Batum, con quien fantaseaba compartir equipo. RC Buford aceptó hacerle un nuevo estudio médico (aprobado otra vez), porque necesitaba asegurarse de su salud a largo plazo. Sin embargo, Houston Rockets se lo birló un pick antes, en el puesto 25, yendo automáticamente a Portland por un canje previo. 

Sin embargo, los miedos de Batum seguían en su inconciente. En el 2016, jugando para Francia los Juegos Olímpicos, su esposa y su hijo Ayden fueron a verlo jugar y toda su vida se le cruzó en segundos. Su padre nunca había tenido problemas de salud antes de morir, su hija tenía una edad parecida a la de él aquel día fatídico. ¿Y si le ocurría lo mismo que a Richard? Batum tenía 27 años en Río. 

En diciembre del 2019, la angustia de Nicolas llegó a su fin. El 14 de diciembre, al cumplir 31 años, sintió que había logrado superar la edad de su padre y que su pelea interior había terminado. Su batalla mayor nunca estuvo ni con los Blazers, pese a los fracasos, ni en los Hornets, donde fue perdiendo lugar con los años, ni ahora con los Clippers, donde fue pieza fundamental en esta primera ronda contra los Mavericks. La pelea de Batum no está en ningún lugar físico. Solo en su mente. Y hace muy poco que empezó a ganar esa lucha. 

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